Después de varias temporadas en que el blush se convirtió en uno de los productos protagonistas del maquillaje, con mejillas intensamente rosadas, corales y rojas, una nueva tendencia propone bajar la intensidad. Se llama anti-blush y, pese a su nombre, no significa dejar de usar colorete. La clave está en elegir tonos más apagados, cercanos a los colores naturales de la piel, para conseguir un resultado mucho más sutil.
La tendencia combina dos influencias que ya venían ganando espacio: el regreso de ciertos códigos del maquillaje de los años 90 y la estética clean girl. De la primera toma los tonos neutros, marrones y ligeramente grunge; de la segunda, la idea de un rostro pulido pero aparentemente sencillo. El resultado es un maquillaje donde el rostro se ve definido, pero sin demasiados contrastes ni colores evidentes.
Los tonos beige y marrones también llevan tiempo siendo populares en Asia Oriental. En China, creadoras de contenido en plataformas como Rednote han utilizado durante años blushes de baja saturación, combinándolos con delineador, máscara de pestañas y labios discretos. Además de aportar color, estos tonos permiten crear una especie de sombra sobre las mejillas, por lo que pueden ayudar a definir el rostro sin recurrir necesariamente a un contorno.
En Occidente, el concepto comenzó a ganar fuerza especialmente en redes sociales y uno de los productos que más se ha asociado a la tendencia es Skinfinish Colours truck Blush de MAC en Film Noir Buff. El tono, descrito por la marca como un “chocolate cálido e intenso”, está muy lejos del clásico rosa de blush. Su color marrón profundo, utilizado en pequeñas cantidades, aporta calidez y dimensión sin dejar una mejilla evidentemente sonrojada.


Ahí está precisamente la diferencia. El anti-blush busca tonos que tengan una mezcla de pigmento rosado y matices marrones o neutros, reduciendo la saturación habitual del colorete. Beige, taupe, rosa amarronado, dusty rose, terracota, canela y cafés cálidos son algunas de las tonalidades que mejor funcionan. El objetivo es que el color se funda con la piel en lugar de destacar sobre ella.
También cambia la forma de aplicarlo. Mientras el blush más intenso suele concentrarse en las mejillas para conseguir un efecto evidente, el anti-blush se trabaja con poca cantidad y mucho difuminado. Puede aplicarse sobre los pómulos, un poco más hacia las sienes o incluso utilizarse para aportar profundidad alrededor del rostro. La idea es construir el color de manera gradual hasta conseguir el efecto deseado.
Y no necesariamente hay que comprar un nuevo producto para probarlo. En redes sociales también han aparecido mezclas caseras para conseguir el tono: blush líquido combinado con contour y una pequeña cantidad de base puede dar como resultado un color más apagado y cercano al tono natural de la piel.
Además de Film Noir Buff de MAC, existen otros productos que pueden funcionar muy bien para conseguir este efecto. Rhode Pocket Blush en Toasted Teddy, un terracota cálido, es una alternativa para quienes prefieren llevar la tendencia hacia tonos más bronceados. Nudestix Nudies Matte Lux en Nude Buff, un rosa cálido y neutro, funciona para un resultado más cercano al clásico rubor, pero mucho menos saturado.
También se pueden buscar tonos como mauve, rosa empolvado, nude rosado o marrón rosado en fórmulas cremosas, que permiten controlar mejor la intensidad. La clave, más que seguir un color específico, es elegir un blush que tenga suficiente marrón o gris para que el resultado final no sea demasiado rosado.
Después del boom de las mejillas protagonistas, el anti-blush propone una forma mucho más discreta de usar uno de los productos más populares de los últimos años. El blush sigue ahí, solo que esta vez la idea es que se note un poco menos.
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