Adiós al clean look. Durante años, el maquillaje estuvo dominado por esta reconocida estética: pieles impecables, tonos neutros y acabados casi imperceptibles se convirtieron en la norma. Sin embargo, la primavera-verano 2026 parece tener otros planes. Aunque la naturalidad sigue presente, lo hace desde una nueva perspectiva. El maquillaje ya no busca pasar desapercibido y comienza a dar paso al color, la luminosidad y la experimentación. Lo interesante es que esta transformación no elimina las tendencias más puras, sino que las hace convivir con propuestas mucho más atrevidas.
Luego de temporadas dominadas por la discreción, el maquillaje vuelve a convertirse en una herramienta de expresión personal. Los párpados dejan de ser un detalle secundario y pasan a convertirse en protagonistas, transformándose en un verdadero lienzo creativo. Este regreso está impulsado por la nostalgia de los 2000 y la influencia del Y2K. En un mundo marcado por el minimalismo y los colores neutros, surge el deseo de destacar y encontrar personalidad a través de maquillajes más creativos. Tendencias como el color block, las sombras intensas, los delineados gráficos y las aplicaciones de pedrería están ganando espacio. La cantante Zara Larsson, con un estilo pop star audaz, demuestra cómo esta estética rompe con la sobriedad del clean look. Más que una tendencia de maquillaje, parece una invitación a volver a divertirse con la belleza.
Frente a esta propuesta más extravagante, el toasty makeup ofrece una alternativa mucho más cotidiana. Su objetivo es entregar ese efecto de recién llegada de la playa, sin transformar el rostro, sino potenciándolo a través de tonos cálidos como terracota, bronce, caramelo y marrones suaves. La intención es conseguir una apariencia descansada, luminosa y naturalmente bronceada. Hailey Bieber, considerada una de las grandes referentes de belleza, ha popularizado esta tendencia mediante tutoriales y consejos para conseguir el llamado “Toasty Glam”, utilizando incluso los dedos para lograr una aplicación rápida y natural.


El rubor, por su parte, sigue reinando. Si una categoría ha dominado la conversación beauty durante los últimos años, es esta. La tendencia sunset blush lleva la obsesión por el color en las mejillas un paso más allá al combinar tonos rosas, corales y naranjas para recrear la calidez de un atardecer sobre la piel. La técnica incorpora además iluminador dorado para conseguir un efecto degradado, fresco, jugoso y sun-kissed, es decir, con apariencia de haber sido besada por el sol. El rubor se extiende desde las mejillas hasta el puente de la nariz, creando un acabado uniforme inspirado en los tonos del sunset.
Curiosamente, mientras algunas tendencias apuestan por el exceso, otras continúan explorando la sofisticación a través de la piel. El pearl skin makeup reemplaza el acabado excesivamente brillante del glass skin por una luminosidad más elegante, suave y aterciopelada. La propuesta destaca por el uso estratégico del iluminador, rubores satinados en crema y productos capaces de aportar un brillo sutil que refleje la luz sin perder naturalidad.
Lo más interesante de esta primavera-verano es que ya no existe una única forma de maquillarse. Mientras algunas apostarán por párpados llenos de color, delineados atrevidos y aplicaciones brillantes, otras seguirán buscando la naturalidad a través de pieles luminosas y tonos cálidos. Lejos de imponer una estética determinada, esta temporada celebra la diversidad de estilos y la posibilidad de elegir cómo llevar la belleza. En una industria acostumbrada a establecer reglas, esa podría ser la tendencia más relevante de todas.

