Hay productos que compramos una y otra vez y que forman parte de nuestra rutina desde hace años. Sabemos para qué sirven, cuándo aplicarlos y qué resultado esperamos de ellos. O por lo menos eso creemos. Porque a veces el problema no está en la fórmula ni en la marca, sino en un pequeño error que cometemos al usarla. Desde el shampoo seco hasta el protector solar, estos son cinco productos que vale la pena mirar nuevamente antes de decidir que no funcionan.
Shampoo seco
Rociar, mover un poco el pelo y salir de la casa. El shampoo en seco parece uno de los productos más fáciles de usar, pero necesita algo de tiempo para hacer su trabajo. Su función es absorber el exceso de grasa del cuero cabelludo, por lo que retirarlo inmediatamente puede impedir que logremos el resultado esperado. Lo ideal es aplicarlo en las zonas que realmente lo necesitan, dejarlo actuar durante el tiempo que indique el producto y luego masajear o cepillar. Y algo importante: no reemplaza al shampoo tradicional. El pelo sigue necesitando agua y lavado para eliminar la suciedad y los restos de producto.
Perfume
Hay un gesto que probablemente hemos repetido miles de veces: aplicar perfume en una muñeca y frotarla contra la otra. No es necesario. Una alternativa mucho más simple es rociarlo directamente sobre la piel y dejarlo secar. Tampoco necesitamos llenar cada parte del cuerpo de perfume para conseguir que se sienta. Otro truco está en preparar la piel antes de aplicarlo. Una crema hidratante, idealmente sin aroma para no interferir con la fragancia, puede ayudar a que el perfume dure más tiempo sobre la piel. En este caso, aplicar más producto no siempre significa un mejor resultado. La forma de usarlo y dónde lo ponemos también importan.
Mascarilla para el pelo
Terminamos de lavar el pelo y, todavía empapado, aplicamos inmediatamente la mascarilla. El problema es que ese exceso de agua puede diluir el producto y hacer que se deslice por el pelo en vez de quedarse donde queremos. Antes de aplicarla, conviene sacar el exceso de agua con las manos o una toalla. El pelo debe seguir húmedo, pero no chorreando. Después viene otro punto clave: respetar las instrucciones de cada mascarilla, porque no todas se aplican de la misma manera ni necesitan el mismo tiempo para actuar.


Protector solar
Aquí uno de los errores más comunes no tiene que ver con el orden de la rutina, sino con la cantidad. Una capa mínima puede hacernos sentir que cumplimos con el paso, pero no necesariamente entrega la protección indicada en el envase. Los especialistas recomiendan usar una cantidad generosa y no olvidar partes como las orejas y el cuello. También es necesario volver a aplicarlo, especialmente después de nadar o sudar y cuando estamos al aire libre, aproximadamente cada dos horas. El protector solar funciona, pero necesita que nosotros hagamos nuestra parte.
Máscara de pestañas
Abrir la máscara y mover el cepillo varias veces hacia arriba y abajo dentro del tubo parece una buena manera de conseguir más producto. En realidad, no necesitamos hacerlo. También vale la pena prestar atención a cuánto tiempo llevamos usando la misma máscara. Al estar en contacto constante con una zona tan sensible como los ojos, es uno de esos productos que no deberíamos guardar eternamente en el cosmetiquero. Si cambia su olor, textura o aspecto, es momento de botarla. Y si hemos tenido una infección, lo más seguro es reemplazarla antes de volver a maquillarnos.
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