Hay algo nuevo en la forma de llevar flores esta temporada: ya no necesariamente están sobre un vestido, estampadas en una blusa o enganchadas en el pelo. Ahora están en los pies. Rosas, lirios, margaritas y pétalos grandes aparecen como aplicaciones tridimensionales en sandalias, pumps, mules y slingbacks, transformando al zapato en el verdadero protagonista de la tenida. La tendencia, que comenzó a tomar fuerza en las pasarelas, ya se trasladó al retail con versiones mucho más fáciles de usar para el día a día.
La idea tiene distintas versiones. En las propuestas más llamativas, la flor ocupa casi todo el zapato: sobresale, envuelve una sandalia o aparece como una pieza de escultura sobre el taco. Dior ha sido uno de los grandes referentes de esta estética, con zapatos adornados con flores de gran tamaño, mientras que Proenza Schouler llevó el boom a sus sandalias. Chanel y Givenchy también han explorado el calzado con aplicaciones florales, confirmando que el adorno dejó de ser un detalle para convertirse en el centro de atención.
Las sandalias con flores son, probablemente, la versión más fácil de entender y también una de las que más se está viendo en tiendas. Hay modelos planos con pequeñas aplicaciones, diseños de tiras finas coronados por una flor y versiones de taco donde el adorno decora directamente el empeine. En algunos casos, incluso se combinan flores con materiales como satén, plumas o acabados brillantes, llevando el concepto hacia una vibra más de fiesta.


Lo interesante es que esta tendencia no depende necesariamente de un look hippie o boho. Una sandalia negra con una flor exagerada puede funcionar con jeans y una polera blanca; unos tacos con una aplicación floral puede transformar un conjunto sastrero y una sandalia plana puede ser suficiente para darle personalidad a un vestido más sencillo. El contraste es parte de su atractivo: cuanto más simple sea el resto del look, más espacio tiene el zapato para destacar.
Este regreso de las flores también se entiende dentro de un cambio más amplio en la moda. Después de varias temporadas dominadas por el minimalismo, los tonos neutros y los accesorios discretos, el maximalismo vuelve a ganar terreno con colores más intensos, volúmenes exagerados, pedrería, lazos y adornos que buscan llamar la atención. Las flores, por supuesto, no son nuevas: el corsage tuvo uno de sus últimos grandes momentos alrededor de 2019 y 2020, cuando volvió a aparecer como accesorio protagonista en las pasarelas y en el street style. La diferencia ahora está en dónde se lleva. En 2026, las flores abandonan el vestido para instalarse en los zapatos, convirtiéndolos en pequeñas piezas de fantasía.
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