En una industria donde muchas marcas parecen concentradas en crear prendas que funcionen bien en redes sociales, Schiaparelli toma otro camino. Su colección prêt-à-porter primavera-verano 2027 mantiene la fantasía que caracteriza a la casa, pero la lleva a un terreno más cercano al día a día. Bajo la dirección de Daniel Roseberry, las referencias surrealistas y los detalles que han convertido a la firma en una de las más reconocibles de la moda actual conviven con prendas que no parecen reservadas exclusivamente para una alfombra roja.
Durante años, Schiaparelli ha destacado por sus diseños teatrales, joyas escultóricas y piezas que llaman la atención desde el primer momento. Esta vez, sin abandonar esos códigos, Roseberry pone el foco en cómo llevarlos fuera de ese contexto. La idea no es restarle fuerza a la propuesta, sino demostrar que una chaqueta bordada o un accesorio llamativo también pueden encontrar un lugar en el armario cotidiano.
El negro sigue ocupando un lugar importante en la colección, acompañado por azules, rosas y verdes que aparecen en prendas con bordados y detalles decorativos. La combinación mantiene el interés visual sin necesidad de recurrir a una explosión de colores en cada salida. En lugar de buscar el impacto a toda costa, la firma trabaja con contrastes y acabados que permiten reconocer su identidad sin que todas las piezas compitan por llamar la atención.
Las chaquetas son otro de los puntos fuertes. Roseberry las convierte en protagonistas a través de bordados, referencias históricas y siluetas definidas, alejándose de la idea de que una colección necesita apoyarse principalmente en vestidos o prendas pensadas para circular en redes sociales. También es una forma de conectar con el legado de Elsa Schiaparelli, cuya relación con el arte y la experimentación sigue presente en el trabajo de la casa.


Esa atención al detalle se extiende al estilismo. Las chaquetas, los zapatos y los bolsos se combinan a partir de colores y elementos en común, dando lugar a conjuntos en los que cada pieza parece elegida con intención. Es una propuesta que requiere detenerse un poco más en la forma de vestir, sobre todo en un momento en el que las tendencias cambian constantemente. Aquí, la gracia está precisamente en construir un conjunto y no en depender de una sola prenda que concentre toda la atención.
Los volantes inspirados en las cortinas del antiguo taller de Elsa Schiaparelli, los bordados vegetales y las siluetas asimétricas aportan una dimensión más artística a la colección. Son referencias que remiten a la historia de la firma, pero que Roseberry incorpora sin convertirlas en una recreación del pasado.
Con esta colección, Schiaparelli amplía las posibilidades de su universo creativo sin perder los rasgos que lo distinguen. La propuesta conserva la extravagancia de la casa, aunque deja espacio para prendas que pueden combinarse y usarse de distintas maneras. En esa convivencia entre fantasía y practicidad está uno de los aspectos más interesantes del trabajo de Roseberry para la primavera-verano 2027.
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