Hay productos de maquillaje que usamos hasta terminarlos y otros que llevan años en el cosmetiquero sin que nos preguntemos si todavía deberíamos estar aplicándolos en la cara. Pero el maquillaje también tiene una vida útil. Con el tiempo, las fórmulas pueden cambiar, acumular microorganismos y dejar de actuar como cuando las abrimos por primera vez. Por eso, más que esperar a que se acaben, conviene aprender a reconocer cuándo llegó el momento de reemplazarlos.
Máscara de pestañas: la que menos dura
Es uno de los productos que deberíamos cambiar con mayor frecuencia. Los fabricantes suelen recomendar reemplazarla entre los dos y cuatro meses después de abrirla, y algunos expertos hablan de tres meses como referencia. La razón está en su formato: el cepillo entra y sale constantemente del tubo y queda expuesto a microorganismos cada vez que lo usamos. Si la máscara empieza a secarse, formar grumos o cambiar de textura, no hay que intentar revivirla agregando agua. Es momento de botarla. Y si tuvimos una infección ocular mientras la estábamos usando, también es recomendable cambiarla.
Base: mirar más que la fecha
Con las bases es más difícil fijar una fecha de expiración. Muchas fórmulas están pensadas para durar aproximadamente un año después de abiertas, pero lo más importante es observar cómo se comportan. Si la base comienza a separarse, cambia de olor, color o textura, es señal de que ya no está en las mismas condiciones. También importa dónde la guardamos. El calor, la humedad y la exposición al sol pueden acelerar los cambios en las fórmulas, por lo que el baño no siempre es el mejor lugar para guardar nuestro maquillaje.
¿Y los productos en crema?
Blush, bronzer, iluminador y sombras en crema tienen algo en común: su textura los hace más sensibles a los cambios que los productos en polvo. No significa que haya que botarlos automáticamente después de unos meses, pero sí prestar atención a cualquier modificación en el olor, color, textura o forma en que se aplican. Además, cada vez que metemos los dedos directamente en un producto, podemos introducir microorganismos. Por eso es importante mantener los envases limpios y cerrados después de usarlos.


Labiales y gloss
Los productos para labios pueden acompañarnos durante bastante tiempo, pero tampoco son eternos. Si un labial cambia de color, conviene reemplazarlo aunque todavía quede mucho producto. Con los gloss hay que prestar mucha atención a la textura: si cambia, se vuelve demasiado líquido, pegajoso o tiene un olor extraño, es mejor dejarlo ir. Y aunque parezca obvio, compartir productos que aplicamos directamente sobre los labios tampoco es una buena idea.
Las sombras en polvo duran más
Las fórmulas en polvo suelen tener una vida útil más larga que las cremas y líquidos, pero eso no significa que podamos conservarlas para siempre. Si una sombra o polvo se desarma de una manera distinta a la original, es hora de reemplazarla. En este caso también influye mucho la higiene: usar brochas limpias y evitar que el producto entre en contacto con superficies sucias ayuda a mantenerlo en mejores condiciones.
El verdadero reloj está en el envase
Hay una señal que muchas veces ignoramos: el pequeño símbolo de un frasco abierto que aparece en algunos productos. Si dice “12M”, por ejemplo, indica que el fabricante recomienda utilizarlo durante 12 meses después de abrirlo. No todos los cosméticos tienen una fecha de vencimiento impresa, por lo que anotar la fecha en que abrimos un producto puede ser una buena forma de llevar el control. Recuerda: el cosmetiquero también necesita una limpieza de vez en cuando.
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