Hubo un tiempo en que la perfumería masculina parecía tener un código bastante claro. Maderas, cuero, tabaco, cítricos, notas acuáticas.
Hubo un tiempo en que la perfumería masculina parecía tener un código bastante claro. Maderas, cuero, tabaco, cítricos, notas acuáticas. Todo debía transmitir fuerza, frescura o esa idea de masculinidad que durante décadas se construyó desde la distancia y la dureza. Los aromas dulces, en cambio, parecían pertenecer a otro territorio. Pero los códigos cambian. […]