Hay momentos en que la perfumería parece oler toda igual. Durante los últimos años, la vainilla, el caramelo, el café, el pistacho y prácticamente cualquier cosa que pudiera aparecer en la carta de una cafetería encontraron su versión en perfume. El gourmand pasó de ser una familia olfativa más a convertirse en una de las grandes obsesiones de la industria. Dior decidió hacer otra cosa. En lugar de buscar la próxima nota viral, la casa volvió a sus archivos.
Dioriginals es el nombre de la nueva colección que recupera 13 fragancias históricas de Dior, algunas creadas hace casi ochenta años y otras bastante más recientes. Entre ellas aparecen Diorama, Diorissimo, Diorling, Dioressence, Diorella, Dune y Dolce Vita, además de fórmulas que con el tiempo se habían vuelto más difíciles de encontrar.
No son reinterpretaciones inspiradas en perfumes antiguos. La intención fue restaurarlos. Francis Kurkdjian, director creativo de Perfumería de Dior, trabajó sobre las fórmulas originales intentando devolverles su carácter inicial. La idea se parece más a restaurar una obra que a crear algo desde cero: revisar materias primas, recuperar matices y volver a acercarse a composiciones que inevitablemente habían cambiado con los años.


Porque un perfume puede conservar el mismo nombre durante décadas y no oler exactamente igual. Algunas materias primas desaparecen, otras cambian, llegan nuevas regulaciones y las fórmulas se adaptan. Volver atrás, entonces, no era tan simple como abrir un archivo y copiar una receta. Había que reconstruir.
En Diorling, por ejemplo, Kurkdjian trabajó sobre el jazmín, el musgo de roble y su carácter aldehídico para acercarse nuevamente a aquel floral chipre con acentos de cuero presentado en 1963. Dioressence recupera su mezcla de patchouli, flores y un fondo más animal. Diorissimo vuelve a poner en primer plano uno de los grandes códigos florales de la casa.
Son perfumes de otra época. Más verdes, secos, florales, aldehídicos o animales. Algunos incluso pueden sentirse un poco menos fáciles que buena parte de lo que domina hoy. Y eso también tiene gracia. Porque mientras muchas marcas siguen buscando la próxima vainilla perfecta o el siguiente perfume que huela a postre, Dior vuelve con un chipre de cuero de los años sesenta. No parece precisamente la decisión más obvia.
Dior también recuperó el frasco Oval de 1948, una silueta ligada a algunas de sus primeras creaciones. Esta vez aparece con una etiqueta más limpia, textura en relieve y el monograma CD. No intentaron disfrazar el archivo. Al contrario. Todo en Dioriginals recuerda que estas fragancias vienen de antes.
Y en un momento en que la novedad parece ser casi una obligación, volver a algo que ya existía puede terminar sintiéndose bastante más nuevo. Mientras medio mundo sigue buscando el próximo perfume que huela a postre, Dior decidió volver a oler a Dior.
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