La ropa ya no solo importa por su silueta o color. Ahora también lo hace por cómo se ve su superficie. Jacquard, brocados, terciopelo, flecos, bordados, plumas, tejidos con relieve y acabados que recuerdan a tapicerías están ganando espacio en las colecciones y en las tiendas, en una tendencia que pone el foco en el área más sensorial de la moda. Es el regreso de una ropa más trabajada, donde la textura puede ser tan protagonista como la prenda misma.
El jacquard es uno de los ejemplos más evidentes. Sus dibujos se construyen directamente en el tejido, creando profundidad sin necesidad de recurrir a un estampado clásico. Esta temporada aparece en chaquetas, faldas, vestidos y abrigos, con diseños que van desde flores hasta figuras geométricas. Su vínculo con la estética de los años 80 también ayuda a explicar su regreso, especialmente en prendas de hombros marcados y siluetas más estructuradas.
Algo parecido ocurre con los brocados y tejidos, que recuperan una idea de la moda en la que el material tiene un valor propio. Las flores pueden aparecer en relieve, los hilos metálicos entregar brillo y los dibujos crear una superficie casi tridimensional. Además, algunos diseñadores han llevado esta idea hacia tejidos que recuerdan a la decoración de interiores, como si una tapicería pudiera convertirse en una chaqueta, una falda o un vestido.


La tendencia también se extiende a materiales más conocidos. Terciopelo, pelo, plumas, flecos y bordados aparecen como detalles para transformar prendas sencillas y darles una vibra distinta. No necesariamente se trata de llevar varias texturas al mismo tiempo. De hecho, una de las formas más fáciles de incorporarla es elegir una sola pieza protagonista y combinarla con otras más limpias. Una chaqueta de jacquard con jeans, una falda de terciopelo con un top básico o un vestido con aplicaciones 3D pueden funcionar como punto de partida.
En las pasarelas, esta búsqueda por superficies más trabajadas aparece en distintas versiones. Dior apuesta por los brocados, mientras Dries Van Noten lleva los tejidos de inspiración tapicería a chaquetas y faldas. Bottega Veneta, por otro lado, explora el pelo y los acabados mullidos, y Erdem suma bordados y flores con relieve. Distintos diseños para una misma idea: que el material deje de ser un elemento secundario y se convierta en uno de los protagonistas de la prenda.
Más que una vuelta a la ropa maximalista, lo que está cambiando es la importancia que damos a la superficie de una prenda. Después de varias temporadas en las que el minimalismo puso el foco en líneas depuradas y materiales discretos, la moda vuelve a experimentar con telas con volumen, dibujo, brillo o relieve. Esta vez, vestirse también consiste en elegir qué textura queremos llevar.
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