En una industria donde todo parece suceder cada vez más rápido, resulta curioso encontrarse con una casa que todavía habla de tiempo. De materias primas que necesitan años para desarrollarse, de procesos que no pueden acelerarse y de una tradición que, después de más de dos siglos y medio, sigue encontrando nuevas formas de contar su historia.
Esa es parte de la historia detrás de Iris Debonair, la nueva creación de Creed, presentada el 22 de septiembre en el Teatro Municipal de Santiago. Chile fue elegido como el primer país de Latinoamérica en recibir el lanzamiento, conectando una creación nueva con una historia que comenzó en Londres en 1760.
En ISSUE tuvimos la oportunidad de conversar con Wellington Santiago, Training Creed LATAM, durante la presentación de la fragancia, para conocer no solo la inspiración detrás de Iris Debonair, sino también la evolución de una casa que ha construido su identidad alrededor de la sastrería, la perfumería y el trabajo artesanal.
El arte de hacer a medida
Creed nació como una casa de sastrería. Durante sus primeros años vistió a la aristocracia y a la realeza británica, mucho antes de convertirse en la maison de perfumería que conocemos hoy. La transición de la sastrería a las fragancias podría parecer, a primera vista, un cambio bastante grande. Pero en Creed la conexión tiene bastante sentido. La idea de crear algo a medida siempre estuvo ahí.
Con el paso de las generaciones, la selección de materiales, el trabajo artesanal y la atención al detalle fueron construyendo una identidad que después encontró en la perfumería su principal forma de expresión. La sastrería cambió de tela por materias primas, pero la lógica siguió siendo bastante parecida: precisión, oficio y una obsesión casi inevitable por los detalles.
Iris Debonair juega justamente con esa historia. Inspirada en Charles Creed, diseñador, esteta y miembro de una de las generaciones de la familia, la fragancia reúne dos materias primas que representan los dos lados de la maison: lavanda inglesa e iris pallida francés.

La lavanda aporta una dimensión fresca y aromática. El iris, en cambio, tiene una presencia más aterciopelada y profunda. Juntos funcionan como una especie de traducción olfativa de la identidad de Creed: una casa de sastrería inglesa con un corazón francés, como explica Santiago.
Para el ejecutivo, Iris Debonair es además “una obra maestra” dentro de la historia de la casa. Y esa definición tiene sentido cuando se observa la cantidad de tiempo y trabajo que existe detrás de su composición.
Porque Iris Debonair no parece intentar esconder de dónde viene Creed para presentarse como una casa contemporánea. Hace exactamente lo contrario. Toma sus códigos más antiguos y los lleva a un lenguaje que funciona hoy.
La sastrería se convirtió en perfumería. La confección a medida encontró su equivalente en una fragancia. Y el trabajo artesanal sigue teniendo un lugar bastante concreto detrás de la botella. El mejor ejemplo está en el iris.
La materia prima utilizada en Iris Débonair necesita alrededor de seis años para desarrollarse. Y ni siquiera se obtiene directamente de la flor, sino de sus raíces, que deben cultivarse y posteriormente secarse antes de comenzar el proceso de extracción. Después vienen la mezcla, el reposo y la composición de la fragancia.
Seis años para una materia prima puede sonar casi absurdo en una industria acostumbrada a presentar novedades cada pocas semanas. Pero justamente ahí está la gracia.
“El tiempo es lujo”, dice Santiago al explicar la filosofía de la casa. En Creed, ese tiempo comienza mucho antes de que exista una botella: está en las manos que cultivan los ingredientes, en quienes extraen los aceites, en quienes los mezclan y dejan reposar. La artesanía, explica, no termina en la fabricación. También está en las manos de quienes finalmente presentan la fragancia en una boutique.
Es una manera de entender la perfumería bastante distinta a la producción industrializada. No se trata únicamente de utilizar buenos ingredientes, sino de preservar un proceso en el que el trabajo humano sigue teniendo un papel central.
“Siempre hicimos artesanía hecha a medida para los mejores, con la sastrería, y seguimos haciendo lo mejor en la perfumería con las manos”, cuenta Santiago.
Creed parece haber entendido que parte de su identidad está precisamente en conservar ese ritmo.


Una tradición presente
Eso también explica cómo una casa fundada hace 265 años puede seguir hablando con una generación completamente distinta a aquella para la que comenzó creando prendas. “Empezamos con los reyes y hoy tenemos los reyes modernos”,explica Santiago.
La frase resume bastante bien la evolución de Creed. Ya no se trata solamente de un símbolo de estatus. Hoy la perfumería también tiene que ver con identidad, personalidad y la manera en que cada persona quiere presentarse frente al mundo. El público cambió, pero la idea de confección a medida permanece.
Que Iris Débonair llegue primero a Chile dentro de Latinoamérica también forma parte de esa expansión. Boutique Creed Chile está próxima a cumplir un año y busca acercar la casa más allá de la fragancia misma: conocer sus materias primas, entender su historia y descubrir qué hay detrás de cada creación.
Ahí también entra Maison Niche, que ha contribuido a desarrollar en Chile una conversación más amplia alrededor de la perfumería de autor. Para Santiago, estos espacios son fundamentales para compartir no solo las fragancias, sino también sus historias, el conocimiento sobre los materiales naturales y aquello que diferencia a cada casa.
Porque un perfume puede ser simplemente un perfume. Pero también puede ser una historia, una materia prima, una técnica o incluso una forma de entender cómo se construye una identidad.
Y quizás por eso Iris Débonair funciona tan bien como nueva expresión de Creed. No intenta empezar de cero. Toma una historia británica, la mezcla con una tradición francesa y la convierte en algo que puede existir perfectamente en el presente. Con este lanzamiento, Creed vuelve a demostrar que, a veces , el verdadero diferencial de un producto no está en hacer las cosas más rápido. Está en saber cuáles todavía vale la pena hacer con tiempo.
Fotografías Eduardo Angel

