¿Cómo se cambia una de las marcas más reconocidas de la moda sin hacer que deje de parecer ella misma? Pierpaolo Piccioli lleva un poco más de un año al frente de Balenciaga y, aunque todavía es pronto para definir completamente su etapa, las señales empiezan a ser bastante claras. La nueva campaña Winter 2026, fotografiada por Robin Galiegue, es probablemente una de las mejores hasta ahora para entender hacia dónde quiere llevar la maison. Hay oscuridad, colores intensos, volúmenes enormes y siluetas que parecen construidas alrededor del cuerpo. Se siente Balenciaga, pero no exactamente como el Balenciaga al que nos acostumbramos durante la última década.
Y ese último punto es importante. Piccioli llegó después de diez años de Demna, un director creativo que consiguió instalar una identidad tan reconocible que terminó cambiando nuestra propia idea de Balenciaga. Hoodies gigantes, zapatillas exageradas, prendas cotidianas llevadas al extremo, ironía y una estética oscura se volvieron parte del lenguaje de la casa. ¿Cómo seguir después de algo así? La respuesta de Piccioli, por lo menos hasta ahora, no ha sido fingir que esa etapa nunca existió. Desde su debut ha dejado claro que tampoco busca borrar a Demna, Nicolas Ghesquière o, evidentemente, a Cristóbal Balenciaga de la historia que está construyendo.
Las fotos de Winter 2026 nos permiten observar detenidamente las pistas. La colección se llama ClairObscury parte del claroscuro, la técnica artística que usa el contraste entre luz y sombra para construir profundidad y volumen. En las imágenes, esa idea deja de ser solamente el concepto de una colección. La luz recorta las prendas, las sombras exageran sus dimensiones y los cuerpos desaparecen en abrigos de hombros redondeados, cuellos altos y formas enormes. En otras imágenes, colores mucho más eléctricos rompen con esa oscuridad. La campaña representa lo mismo que Piccioli está intentando hacer con Balenciaga: trabajar con opuestos.


Porque su versión de Balenciaga tampoco parece interesada en elegir entre pasado y presente. Piccioli vuelve constantemente a una de las grandes obsesiones de Cristóbal Balenciaga: la relación entre tela, aire y cuerpo. Lo hizo desde su primera colección, cuando tomó como referencia el Sack Dress de 1957, y vuelve a hacerlo acá con prendas que crean espacio. Pero tampoco estamos frente a una reconstrucción histórica. Cuero, bombers, leggings, jeans estrechos, zapatillas y prendas deportivas se fusionan con vestidos drapeados y construcciones mucho más cercanas a la alta costura. No parece querer decidir entre el Balenciaga de Cristóbal y el que conocimos con Demna. Está tomando elementos de ambos para construir un tercero.
Todavía no podemos saber cómo recordaremos el Balenciaga de Piccioli dentro de diez años, pero ya podemos empezar a reconocerlo. Más color, una nueva atención por el cuerpo, volúmenes que recuperan el archivo y una intención evidente de mezclar códigos que antes parecían contrarios. Winter 2026 no termina de responder qué es el nuevo Balenciaga, pero sí deja algo bastante claro: ya estamos empezando a verlo.
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