Durante años nos dijeron que el estilo y el buen gusto consistían en pasar desapercibidos. Los armarios cápsula, los tonos neutros y la filosofía del “menos es más” dominaron las redes sociales, pero la primavera-verano 2026 parece tener otros planes. El maximalismo regresa con fuerza como un movimiento cultural, de diseño y artístico, aunque no de la forma exagerada que recordamos. Esta vez llega en una versión más inteligente, flexible y adaptable.
Los colores ya no piden permiso. Después de varias temporadas dominadas por el beige, el blanco, el negro y otros tonos neutros, los colores vibrantes vuelven a convertirse en protagonistas de los looks. La diferencia es que ahora el color no se utilizará como un simple detalle, sino como el núcleo de la propuesta. Según las tendencias que circulan en redes sociales, algunos de los tonos de la temporada serán el rojo tomate, verde lima, berenjena, fucsia y distintas tonalidades eléctricas, caracterizadas por ser intensas, vibrantes y luminosas.
Mientras más volumen, más personalidad. Las prendas buscan ocupar espacio y esto no es casualidad en una época donde la autoexpresión se ha convertido en un valor cada vez más importante. Las siluetas dramáticas, como las faldas y blusas globo, las hombreras y los bubble pants, funcionan como una declaración de identidad y recuperan referencias de las siluetas ochenteras, pero reinterpretadas desde una mirada contemporánea.
Pero no basta con el volumen: también se necesita textura. Ya no es suficiente con que una prenda tenga color; ahora debe generar una sensación visual distinta. Las texturas aportan movimiento y pueden transformar piezas simples en propuestas mucho más llamativas. Los flecos, por ejemplo, entregan volumen, fluidez y dinamismo; los encajes incorporan transparencia, profundidad, sensualidad y contraste, rompiendo la monotonía de los tejidos lisos. A esto se suman los elementos tridimensionales, como las flores, y los brillos aplicados sobre la ropa mediante técnicas como el bedazzling, capaces de aportar personalidad y crear un efecto visual mucho más impactante.


Más es más y los estampados son los protagonistas. Si el minimalismo se basa en la coordinación precisa, esta tendencia apuesta por el riesgo y la experimentación. También aparecen las rayas en diferentes grosores y colores, un recurso que nunca pasa de moda y que aporta elegancia y versatilidad. Si antes un estampado parecía suficiente, esta temporada propone todo lo contrario: mezclarlos será parte de las nuevas reglas y dejará atrás las combinaciones más predecibles.
Curiosamente, el regreso de la extravagancia convive con una obsesión por la comodidad. Mientras algunas prendas buscan llamar la atención, también aparecen propuestas funcionales y fáciles de incorporar al día a día, como las siluetas boxy, el calzado plano, las bermudas y los pantalones capri. Una combinación que demuestra que las tendencias más exitosas no son necesariamente las más llamativas, sino aquellas capaces de adaptarse a la vida cotidiana.
La moda parece recuperar la confianza para ocupar espacio, experimentar y llamar la atención. Lo interesante es que este regreso del maximalismo no consiste únicamente en llevar más color, más estampados o más volumen, sino en utilizar la ropa como una forma de expresar personalidad.
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