Hay algo en la forma en que entran y salen de los lugares. Una presencia sin ruido. No es que pretendan ser el centro de atención, pero tampoco huyen de las miradas. Simplemente, ahí están. Unas veces viene una de las hermanas, otras veces las dos. Siempre llevan una bolsa icónica y una bufanda desordenada, y muchas veces van casi tapadas de los pies a la cabeza. Pero, aun así, algo tiene su forma de moverse que llama la atención, como si esa discreción fuera una obra muy bien preparada. El street style de las Olsen no se trata de una declaración de moda ni de una filosofía de vida. Tampoco es un mero producto de una ola pasajera, sino el eco de una convicción mucho más personal. Se visten como si las prendas fueran un código secreto que solo ellas dominan a la perfección… Las figuras alargadas, los abrigos ligeros, las texturas y los tonos neutros les sientan de manera perfecta. Observarlas pasear por Nueva York es como ver a dos personas que escapan de toda regla convencional. Son mujeres que han cultivado un vínculo y una conexión con el vestuario que va más allá de lo visual. Lo suyo no es simplemente lucir bien, sino vestirse con un propósito claro.
Tienden a estar siempre uniformadas, lo que en bastantes ocasiones se ha percibido como algo estático y aburrido. Sin embargo, aquí ocurre justamente lo opuesto, ya que el repetir no demerita, sino que perfecciona. Siempre los mismos colores, los mismos diseños, las mismas actitudes y, aun así, cada apariencia es única. No se basa en la vestimenta, sino en la circunstancia: en el ambiente, en la calidad del sueño, en si requieren más abrigo o menos. No atraviesan la calle a la ligera, sino con intensidad. No muestran ni un poco de torpeza, a pesar de que sus prendas caen, se deslizan en el suelo levemente y se pliegan en los tobillos. Es todo lo contrario: su caminar tiene control.
Su distinción es pausada, extensa, madura. Y eso es innovador. Pero, por otro lado, hay algo profundamente melancólico en su forma de vestir. Es como si vivieran diciéndole adiós a algo constantemente. Y quizás sea esa la razón por la que su estilo conmueve. No buscan ser un ideal, sino mostrarse reales. No dictan tendencias, simplemente inspiran. Y resulta curioso ver cómo estas hermanas icónicas alcanzan tanta admiración sin recurrir a explotar comercialmente su aspecto. No existen promociones masivas de sus atuendos, ni estilistas de moda que divulguen sus decisiones. Tampoco facilitan entrevistas; incluso a su alrededor existe un misticismo absoluto. En ellas persiste una sensación de misterio que termina por cautivar aún más a los fanáticos de la moda.
Cortesía Getty Images


Dejando de lado la superficialidad de su estilo, las hermanas van más allá de lo mostrado. Hay un atractivo desde lo personal e íntimo, desde la textura de un abrigo viejo o la elección de unos mocasines planos. Es una alta gama que no brilla, que se distingue por cómo cae una manga o cómo se anuda un pañuelo, sin la necesidad de mostrar un centímetro de piel. Quizás es ahí donde existe también ese encanto: en ese espacio entre lo que se percibe y lo que permanece más difícil de detectar. Al final, no podemos saber qué pasa por sus cabezas. Solo vemos fotos, momentos capturados en la calle, una estética que no busca el protagonismo. Pero aun así, cada vez que hacen acto de presencia el mundo de la moda se detiene un segundo.
The Row es la marca que fundaron en 2006. No tardó nada en hacerse un nombre en la industria, gracias a su manera de entender el diseño: sencillez, una calidad superior y una alta gama que no tiene necesidad de ser estridente. Con la elegancia de siempre y un toque minimalista como guía, su idea fue dar vida a prendas que no fueran modas pasajeras. Querían centrarse en que cada tejido y cada corte fueran perfectos. Y lo lograron. Es famosa por usar materiales de alta calidad, como cachemira, seda y algodón. Además, se fijan hasta en el más mínimo detalle. Algo llamativo de la firma es que, aparte de crear ropa para mujeres, también tienen colecciones para hombres y una gama de accesorios como carteras y zapatos, que han sido aplaudidos por su estilo discreto y práctico. Su sello distintivo son sus líneas sencillas, tonos suaves y siluetas relajadas, que reflejan su estilo personal.
Con su logo se han ganado diferentes premios de gran peso en el mundo de la moda. Entre ellos, el CFDA (Consejo de Diseñadores de Moda de Estados Unidos), en la categoría de diseñadoras emergentes, y más adelante como diseñadoras del año, lo cual reafirma la importancia y reputación que han logrado. Además, su triunfo ha sido esencial para que las hermanas pasen de ser íconos del street style a modelos a seguir en el diseño de moda a nivel mundial.
Cortesía Getty Images

