Un labial Dior, una base Armani o una paleta de YSL Beauty tienen algo en común: antes de siquiera considerar comprarlos, ya sabemos que no serán económicos. El maquillaje de diseñador convirtió productos que usamos todos los días en objetos tan deseables como un bolso o un par de zapatos de la misma casa. El packaging es atractivo, la experiencia se siente especial y tenerlo en el cosmetiquero puede dar la sensación de estar completando una colección. Pero cuando llega el momento de usarlo aparece una pregunta bastante lógica: ¿realmente funciona mejor que el maquillaje de una marca especializada?
La diferencia de precio puede ser importante incluso entre productos que prometen prácticamente lo mismo. Un Rouge Dior cuesta actualmente US$50 en Estados Unidos, mientras que el M·A·Cximal Silky Matte Lipstick de MAC cuesta US$25, ambos con 3,5 gramos de producto. Dior promete hasta 12 horas de color y una fórmula hidratante, mientras MAC también publicita 12 horas de duración, cobertura completa y una fórmula con ingredientes de buena calidad. En la práctica, pagar el doble no significa automáticamente obtener el doble de desempeño. Y lo mismo puede ocurrir con las bases, sombras o máscaras de pestañas: que un producto sea más caro no significa necesariamente que funcione mejor.
Eso tampoco quiere decir que comprar maquillaje de diseñador sea simplemente pagar por un logo. Las grandes casas han desarrollado líneas de belleza enormes, trabajan con maquilladores reconocidos y existen productos que han conseguido mantenerse durante años precisamente porque funcionan. Además, hay una parte de la compra que no se puede medir únicamente en pigmentación o duración. El envase, la textura, el aroma, la presentación e incluso sacar un labial bonito de la cartera forman parte de la experiencia. Hermès, por ejemplo, diseñó sus labiales Rouge Hermès con estuches recargables pensados para conservarse, convirtiendo el packaging en una parte importante del producto que estás comprando.


El problema aparece cuando confundimos esa experiencia con un mejor rendimiento. Una marca especializada como Nars o Make Up For Ever concentra gran parte de su identidad en crear maquillaje pensado para funcionar en distintos rostros, tonos y necesidades, y un precio menor no implica necesariamente sacrificar pigmentación, duración o acabado. Pero tampoco ocurre lo contrario: llevar Chanel o Dior escrito en el envase no convierte automáticamente el producto en una mala compra. Incluso dentro de una misma firma hay fórmulas extraordinarias y otras bastante más reemplazables. La comparación correcta, entonces, debería hacerse producto por producto y no únicamente mirando la marca.
¿Vale la pena comprar maquillaje de diseñador? Para el equipo de ISSUE, sí, pero no porque necesariamente sea el mejor. Lo compraríamos cuando existe una fórmula que realmente nos encanta o cuando queremos darnos el gusto de tener ese objeto, entendiendo que parte de lo que estamos pagando también corresponde al diseño, la marca y la experiencia. Si nuestra única prioridad es conseguir el mejor resultado posible, en cambio, mirar primero las alternativas profesionales tiene mucho más sentido. Porque cuando se trata de maquillaje, pagar más puede darte algo más especial, pero no garantiza que te funcione mejor.
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