Hubo un tiempo en que la perfumería masculina parecía tener un código bastante claro. Maderas, cuero, tabaco, cítricos, notas acuáticas. Todo debía transmitir fuerza, frescura o esa idea de masculinidad que durante décadas se construyó desde la distancia y la dureza. Los aromas dulces, en cambio, parecían pertenecer a otro territorio.
Pero los códigos cambian. Y así como la moda dejó atrás muchas de las reglas que definían cómo debía vestirse un hombre, la perfumería también comenzó a cuestionar cómo debería oler.
En los últimos años, la vainilla se convirtió en una de las protagonistas de esa transformación. Ya no aparece solamente como una nota dulce o asociada a lo gourmand. En las nuevas composiciones masculinas puede ser cálida, oscura, especiada, amaderada e incluso ahumada. La clave está en cómo se construye.
El nuevo lenguaje de la fuerza
La aparición de la vainilla en la perfumería masculina dice algo interesante sobre el momento que estamos viviendo. La masculinidad ya no necesita expresarse únicamente a través de aromas secos, intensos o agresivos. También puede hacerlo desde la calidez.
Y eso no significa necesariamente suavidad. Una fragancia puede ser envolvente y, al mismo tiempo, tener presencia. Puede ser dulce sin resultar inocente. Puede sentirse cercana sin perder carácter. Es justamente en ese espacio donde aparece I WILL, el nuevo Eau de Parfum masculino de Giorgio Armani.


La fragancia comienza con bergamota, acompañada por acordes de lavanda y hojas de violeta, para luego revelar una composición mucho más profunda, donde la vainilla de Madagascar adquiere protagonismo junto a notas de woodleathery pachulí. El resultado es una vainilla lejos de cualquier interpretación ingenuamente dulce: más oscura, amaderada y con una dimensión ahumada.
Creada por los perfumistas Alberto Morillas y Nathalie Lorson, I WILL tomó cuatro años de trabajo y más de 2.800 pruebas para llegar a su composición final, según la marca. Pero quizás lo más interesante está en su nombre.
I WILL no habla de lo que un hombre debería ser. Habla de lo que decide hacer. “Lo haré” es una afirmación, pero también una elección. Y esa idea cambia la manera en que entendemos la fuerza: ya no como algo que necesita demostrarse, sino como una convicción personal. La campaña y el concepto de la fragancia giran precisamente alrededor de esa idea: no se trata de suerte, sino de voluntad.
En ese sentido, la vainilla no es un detalle menor. Es parte de la declaración. Porque quizás una de las formas más actuales de masculinidad sea precisamente esa: no tener que demostrar fuerza todo el tiempo para tenerla. Durante años, la perfumería masculina buscó marcar territorio. Hoy parece interesada en algo distinto: dejar una impresión. Y ahí está la diferencia. La nueva fuerza no necesariamente entra en una habitación antes que quien la lleva. A veces simplemente permanece.
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