La colección Skiwear 2026 vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para la firma: ¿qué queda de su identidad cuando cambia quien define su lenguaje? Bajo la dirección de Pierpaolo Piccioli, la firma busca una nueva sensibilidad, pero el resultado deja una duda: ¿hay algo en estas prendas que no podría llevar el nombre de otra marca?
No es necesario que una casa de moda repita sus fórmulas para conservar una identidad. Quedarse inmóvil sería traicionar su historia. Sin embargo, hay una diferencia entre evolucionar y volverse difícil de reconocer. Esa frontera es la que Skiwear 2026 deja expuesta.
Durante la etapa de Demna, la maison construyó un vocabulario visual inmediato. Las proporciones extremas, los volúmenes, la ropa cotidiana llevada a otra escala y las referencias a la cultura urbana componían una manera particular de mirar el mundo. Se podía estar de acuerdo o no con sus decisiones, pero era difícil confundir aquella propuesta con la de otra firma. Demna no solo diseñaba para la firma, más bien instaló una actitud que se filtró en la conversación cultural y convirtió a Balenciaga en una marca reconocible más allá de sus colecciones.
Piccioli llega desde otro lugar. Su trayectoria está asociada a una sensibilidad ligada a la alta costura, al trabajo de construcción y a una idea de elegancia que no necesita recurrir al exceso. Su mirada puede abrir posibilidades para Balenciaga. El punto no es pedirle que imite a su antecesor ni convertir la etapa anterior en una regla imposible de romper. Es preguntarse qué elementos de su nueva mirada pertenecen realmente a esta casa.


En Skiwear 2026, al menos desde mi lectura, esa respuesta no aparece. La ropa responde al imaginario de una colección de invierno y se mueve dentro de un territorio conocido para la indumentaria técnica y el vestuario de montaña. Pero la propuesta no deja una imagen singular. Algunas prendas podrían aparecer en el catálogo de distintas marcas sin que el cambio de etiqueta alterara demasiado su lectura. Y cuando eso ocurre en una firma con una historia tan reconocible, la neutralidad también se vuelve una decisión.
Quizás el desafío de Piccioli sea más difícil de lo que parecía: no basta con demostrar qué puede hacer como diseñador; tiene que explicar, a través de la ropa, por qué esa visión necesita llamarse Balenciaga. En las últimas semanas circularon versiones sobre una posible salida de Piccioli, un ruido que añade incertidumbre a una etapa que todavía debería estar construyendo sus bases. Un cambio de dirección necesita tiempo, pero también una idea clara.
No esperamos que Balenciaga siga siendo la marca de Demna. Esperamos que vuelva a ser una marca con voz propia… Una firma no se define por repetir una silueta, un color o un recurso reconocible, sino por sostener una perspectiva incluso cuando cambia de forma. Hoy, Skiwear 2026 me deja con una pregunta que la colección no alcanza a responder: si quitamos el nombre de la etiqueta, ¿seguiríamos sabiendo que es Balenciaga?
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