La nueva colaboración entre SKIMS y Funboy no pasa desapercibida, y tampoco lo intenta. Se mueve en esa línea difusa entre lo funcional y lo aspiracional, donde la estética lo es todo y el verano se convierte en una experiencia curada. No se trata solo de trajes de baño, sino de una propuesta completa que invita a construir una escena: cuerpo, entorno y actitud alineados en una misma narrativa visual.
La colección juega con una paleta suave pero reconocible, donde los tonos tierra conviven con rosas y azules que evocan atardeceres largos y días sin prisa. Todo parece pensado para integrarse sin esfuerzo, como si cada pieza ya supiera dónde quiere estar: sobre la arena, al borde de una piscina o en una foto que inevitablemente terminará en redes sociales. Hay una intención clara de convertir lo cotidiano en algo digno de ser mostrado.
Cortesía SKIMS


Pero donde realmente se siente el giro es en el componente lúdico. Los inflables dejan de ser un accesorio secundario y pasan a formar parte del look, casi como una extensión del outfit. La idea de coordinar lo que se viste con lo que flota no solo rompe con lo tradicional, sino que instala una nueva forma de entender el verano: más performática, más consciente de su imagen y, sobre todo, más entretenida.
Los accesorios refuerzan ese universo con detalles que oscilan entre lo relajado y lo cuidadosamente diseñado. Nada parece improvisado, aunque todo busca verse así. En conjunto, la colaboración propone algo más que moda de temporada: sugiere una manera de habitar el ocio, donde cada elemento —desde lo que se usa hasta lo que acompaña— construye una identidad visual que se puede adoptar… o simplemente mirar desde lejos.
Cortesía SKIMS

