Del minimalismo sereno a los espacios con mayor carácter, Felipe Larraín y Juan Hirmas, fundadores de Studio Larraín Hirmas, reflexionan sobre una búsqueda cada vez más presente en el diseño: crear casas que expresen la identidad de quienes las habitan, más allá de las tendencias y las fórmulas estéticas.
Hay casas que se ven bien y otras que, además, se sienten propias. La diferencia no siempre está en los muebles, los colores o los objetos que las componen, sino en algo menos evidente: la manera en que cada elemento responde a quienes viven en ellas.
Más que adherir a una estética determinada, su propuesta parte de una pregunta esencial: quién va a habitar un espacio y cómo quiere hacerlo. A partir de ahí, arquitectura, interiorismo y curaduría se articulan para dar forma a proyectos con identidad propia, donde la estética convive con la funcionalidad y cada decisión responde a una intención.
Porque una casa no termina cuando se entrega. Con el tiempo, cambian las rutinas, llegan nuevos objetos y aparecen las huellas de quienes la habitan. Un buen proyecto debe ser capaz de acompañar esa evolución sin perder su sentido.
La identidad por encima de las tendencias
Las tendencias reflejan el momento cultural e histórico que vivimos. Durante los últimos años, especialmente después de la pandemia, los interiores estuvieron marcados por una búsqueda de refugio, calma y estabilidad. Los tonos neutros, los materiales naturales y las formas orgánicas respondían a esa necesidad de bienestar.
Hoy observamos un renovado interés por los espacios con carácter, el arte, las antigüedades y las combinaciones inesperadas. Más que abandonar el minimalismo, este cambio refleja una mayor libertad para expresar nuestra individualidad y salir de las fórmulas estéticas establecidas.


Para Larraín Hirmas, no se trata de reemplazar una estética por otra. Una casa de tonos neutros puede tener tanto carácter como un interior lleno de contrastes. Lo determinante no es la paleta cromática ni la cantidad de elementos, sino la intención detrás de cada elección.
Una pieza heredada, una obra de arte o un objeto encontrado durante un viaje pueden aportar una dimensión emocional que trasciende lo estético. En un contexto donde las mismas referencias se reproducen constantemente, aquello que resulta verdaderamente personal adquiere un valor especial.
El desafío no consiste en imponer una estética reconocible en todos los proyectos, sino en descubrir, junto a cada cliente, un lenguaje propio. Por eso, los espacios pueden ser muy distintos entre sí sin perder una misma manera de entender el diseño.
Construir experiencias
La identidad de un espacio no depende únicamente de los objetos. También se construye desde su arquitectura, la circulación, la materialidad, la iluminación y, sobre todo, la manera en que será habitado.
Para el estudio, la iluminación es una herramienta fundamental para construir experiencias. A través del juego entre luces y sombras, contrastes y jerarquías lumínicas, buscan generar distintas escenas y atmósferas, destacando elementos y dando intención a cada espacio.
Lo mismo ocurre con los materiales. Sus texturas, terminaciones y encuentros pueden transformar completamente la percepción de un ambiente. Son decisiones que muchas veces pasan inadvertidas, pero que definen la experiencia de habitarlo.
Diseñar para que dure
Para Larraín Hirmas, la atemporalidad no es un estilo, sino una consecuencia de diseñar bien. No se trata de evitar las tendencias ni de crear espacios deliberadamente neutros. Estas pueden aportar actualidad, frescura y carácter, pero no deberían determinar por completo la identidad de un proyecto. Una casa bien diseñada no necesita permanecer intacta. Con los años incorpora nuevas piezas, recuerdos y experiencias que enriquecen su identidad. Porque el verdadero valor del interiorismo no está únicamente en cómo se ve un espacio, sino en cómo se vive y en lo que nos hace sentir. Una casa verdaderamente bien pensada no permanece intacta con el paso del tiempo: encuentra nuevas maneras de seguir siendo propia.
Fotografías cortesía Larraín Hirmas


Cortesía Parfums de Marly