A propósito del nuevo lanzamiento de Haus Labs, cabe preguntarse si al maquillaje todavía se le permite hacer eso: maquillar. Sun Dipped Bronzing Veil es un bronzer líquido que, según la marca, contiene un 70 % de ingredientes de skincare. Un porcentaje que quizás tendría más sentido destacar en una base, una BB cream o cualquier producto que cubra buena parte del rostro durante horas. Pero estamos hablando de bronzer. Unas gotas sobre los pómulos, la frente, quizás la nariz, para parecer un poco más descansada y un poco menos lejos de las vacaciones. La diferencia importa.
Una base está prácticamente todo el día sobre la piel. Ahí tiene sentido preguntarse si hidrata, si se oxida o no, o cómo se comporta después de ocho horas. A un bronzer, en cambio, tradicionalmente le pedíamos mucho menos, buen tono, que dure y, muy importante, que no termine naranja. Ahora parece que eso ya no alcanza.
La propuesta de Haus Labs, por supuesto, suena atractiva. Si además de maquillar bien, el producto incorpora skicare, bienvenido sea. Nadie va a reclamar porque su bronzer tenga ácido hialurónico. Otra cosa muy distinta es que ese atributo termine convirtiéndose en una razón para pagar más.
Y tampoco es que Haus Labs haya inventado la rueda. La mezcla entre maquillaje y skincare lleva años instalándose. Primero fueron las bases, skin tints y correctores; después llegaron primers, blushes, productos de labios y prácticamente cualquier categoría donde hubiera espacio para sumar un activo más a la lista. Saie lleva tiempo trabajando sus fórmulas bajo esa lógica y la propia Haus Labs hizo de ingredientes como el árnica fermentada, el ácido hialurónico, el escualano y la niacinamida parte del discurso alrededor de su famosa base y corrector.
Tiene sentido comercialmente. La industria del maquillaje está saturada. Hay marcas nuevas, lanzamientos todas las semanas y suficientes bronzers como para estar días comparando. Cuando el resultado se parece, la fórmula entra a competir.


Un bronzer costoso puede ser un gusto prescindible. Uno que además promete cuidar la piel parece una compra un poco más sensata. Cuesta más, pero hace más (en teoría). El 70 % que Haus Labs destaca funciona particularmente bien en ese sentido. Es una cifra concreta, alta y fácil de memorizar. La marca señala además que la fórmula fue probada para aportar hidratación inmediata y con el uso continuado, e incluye extracto de wakame, esferas de ácido hialurónico, escualano vegetal y árnica fermentada.
Nada de eso significa que los ingredientes estén de adorno. Pueden mejorar la textura, aportar hidratación y hacer que la fórmula se sienta mejor en la piel. Pero que exista un beneficio no significa necesariamente que ese beneficio tenga que convertirse en el principal argumento para elegir —o pagar más— por un producto de maquillaje. Sobre todo porque la mayoría ya hizo su skincare antes de ponerse bronzer. Si debajo hay sérum, hidratante y protector solar, cuesta creer que sean precisamente esas gotas repartidas sobre los pómulos las que vayan a transformar la rutina.
También hay algo curioso en la expectativa que esto genera. Una vez que una categoría empieza a ofrecer maquillaje + skincare, volver atrás parece casi imposible. Si un bronzer hidrata, el siguiente también tiene que hacerlo. Si un blush incorpora activos, uno que simplemente tenga un color increíble pareciese ser menos atractivo. Poco a poco, comprar maquillaje exige leer porcentajes, revisar ingredientes y evaluar beneficios que quizás nunca estuvieron entre las razones por las que queríamos ese producto.
Y a veces uno solo quiere maquillaje. Un bronzer con el tono correcto, que se difumine rápido, y deje la piel bonita. Si además tiene skincare, perfecto. Pero pagar de más únicamente porque también promete hacer parte del trabajo que ya hicieron los tres productos que usamos debajo parece, sobre todo, una muy buena estrategia de marketing.
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