El desierto más árido del mundo se encuentra en Chile y su oferta turística es de ensueño. Ubicado en la región de Antofagasta, al norte de nuestro país, limitando con Bolivia y Argentina, este lugar ofrece momentos inolvidables. Tanto así, que cada año atrae la atención de turistas y visitantes de todo el mundo. Pueblos andinos, volcanes, lagunas cristalinas y salares, son algunos de los atractivos que esta zona ofrece a sus visitantes, concediendo una experiencia de misticidad única. Todo esto, a través de las diversas formas de apreciar este espectacular paisaje. En el siguiente post te contamos cuáles son las actividades que no te puedes perder en ese viaje al norte de nuestro país.
Todo comienza con un buen tour panorámico. El Salar de Tara, el Valle de la Luna, o las lagunas altiplánicas son el punto de partida. Si buscas combinar el descanso de la estadía con algo de deporte al aire libre, las opciones de sandboard te pueden interesar. Si en invierno disfrutas de esquiar en la nieve, el Valle de Marte te permitirá esquiar, pero sobre la arena del desierto. Un paseo en bicicleta no puede faltar, sólo si te atreves al mountain bike sobre formaciones rocosas como las de la Garganta del Diablo. Los famosos Geiser del Tatio son una locura. Sus fumarolas superan los siete metros de altura y aunque no puedas tocarlos, las termas de Puritama te esperaran con aguas muy cálidas.
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Llevar la experiencia a otro nivel incluso mayor, es posible. El Desierto de Atacama es la capital astronómica mundial. Las condiciones climáticas de este lugar, la baja contaminación lumínica y las altas cumbres permiten el desarrollo del astroturismo. Actualmente existen más de diez observatorios que hacen posible la experiencia más contemplativa de todas. Observar el universo puede ser la forma perfecta de culminar el viaje, sobre todo, si logras ver unas cuantas estrellas fugaces. Esta zona del país, en la que predominan los colores tierra, posee una riqueza magnífica. Este, y todos los paisajes de la región parecen de otro planeta, y si o si hay que vivirlos. ¡Qué esperas!
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