A comienzos del 2015 la línea de ropa norteamericana de tallas grandes Lane Bryant inició una campaña para “celebrar a las mujeres de todas las formas y tamaños con un poderoso mensaje: todas las mujeres son sensuales”. En la publicidad aparecieron mujeres de varias tallas en ropa interior. Muchos medios comunicacionales captaron el mensaje como una señal de integración y defensa de la diversidad, pero para su sorpresa, la campaña finalizó con las modelos afirmando: “I’m NO an angel” (No soy ningún ángel). Este mensaje se convirtió en una bandera de lucha contra los estereotipos poco reales que muestran marcas como, por ejemplo, la lencería de Victoria’s Secret, donde las protagonistas son las siluetas muy esbeltas, altas y con curvas sutiles. Desde esa fecha el Plus Size moderno comienza a entrar de a poco en el inconsciente colectivo estadounidense. Este movimiento llega a Chile mediante redes sociales inspirando mayoritariamente a un público joven y usuario de internet.
De acuerdo con el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el 74,2% de los chilenos tiene sobrepeso u obesidad. De esta forma, Chile se transformó este año por primera vez en el país con más sobrepeso y obesidad entre los miembros del foro, incluso, superando a México (72,5%) y Estados Unidos (71%).
Apasionada, leal y honesta. Con 1.78 mt. de estatura, la chilena Antonia Larraín se ha posicionado como una destacada modelo y activista plus size, y a través de redes sociales concientiza sobre dicotomías que se pueden generar respecto a la imagen, el cuerpo y conceptos como el body positive o el body neutrality. “No sé si a mí me ha tocado vivir discriminación directa pero sí me ha tocado recibir comentarios respecto a mi cuerpo y a las decisiones que tomo sobre mi cuerpo. Por ejemplo, cuando estuve en una agencia de modelaje, me pedían que me tiñera el pelo castaño, que no me hiciera tatuajes ni aros y eso es parte de lo que yo soy” comenta Antonia. “También una vez llegué a un rodaje me dijeron “ah, tú eres la maquilladora” y yo les respondí “no, soy la modelo”, mientras ellos trataban de asimilarlo. Pero si he visto discriminación hacia otras personas, en tratar de moldear a las modelos que ya tienen para adaptarlas a lo que el mercado busca- afirma la modelo.
Cortesía de Antonia Larraín
Por su parte, y desde la publicidad, Javier Huerta, publicista y fotógrafo de moda explica que: “se le está exigiendo mucho a las marcas, la gente está más crítica y quieren ser aceptadas. Ahora se están visibilizando muchas cosas que fuero tabús, como mostrar personas homosexuales o transexuales. Las marcas se atreven mucho más”. Sin duda, una nueva realidad, en la cual, los usuarios buscan sentirse representados y también, una oportunidad para las firmas, que ya sea por incrementar sus ventas o por una verdadera inclusión, se suma a distintas causas y campañas. “Cuando las marcas muestran el plus size aunque no estén tan comprometidos con la causa es un gran paso, es algo necesario ya que de alguna forma se visibiliza la realidad” finaliza Huerta.
Cortesía de Getty Images
En tanto, Isis Miralles, asesora de imagen y personal shopper, comenta: “Ojalá que el plus size se expanda y llegue a todos los países, acá en Chile está empezando, pero yo siento que todavía hay una gordofobia, que la gordura se castiga”. Asimismo, agrega que “dentro de América Latina el país que lleva la delantera es Brasil donde, quizás debido a su mestizaje, las mujeres son más curvilíneas y no tienen miedo a mostrar su cuerpo. Ellos están construyendo la normalidad respecto a las diversas formas corporales y la diversidad de tallas”. Porque no se trata de ser políticamente correctos, sino, de involucrarse y transformar las realidades bajo nociones de respeto, igualdad y equidad. Existen distintos tipos de cuerpo y cada uno, debe ser celebrado sin importar su forma o tamaño. La diversidad corporal existe y sin embargo, una de cada dos niñas en Chile reconoce sentir presión respecto a su imagen física y casi el 40% de las niñas de entre 10 y 17 años ha dejado de hacer alguna actividad pública que le gustaba porque no se siente segura de cómo se ve físicamente ni de si proyecta la imagen deseada. Esto según los resultados arrojados por una encuentra para la ONU de Adimark y Unilever.
En otras palabras, las niñas y adolescentes dejan de hacer determinadas actividades por el miedo a ser vistas y juzgadas debido a su cuerpo e imagen corporal. Una realidad preocupante, que revela la deuda que tiene la publicidad con el grueso de la población. Personas de tallas M, L, XL o XXL que no son representadas y que muchas veces, son mal denominadas como tallas grandes, cuando en realidad, son tallas normales y diversas.
Cortesía de Getty Images Ashley Graham – Jill Kortleve





