Estampados abstractos que forman collages de retazos. Formas fluidas que se contrastan con líneas de bisección. Espacios negativos y explosiones de color inspiradas en uno de los artistas favoritos de Stella McCartney, Frank Stella. El pintor estadounidense fluye a través de distintos movimientos artísticos; desde el minimalismo abstracto y hasta el maximalismo geométrico. Un paralelismo que se mezcla a la perfección con la búsqueda artística de la diseñadora británica, pero también, con su exploración textil, que da vida a una infinita diversidad de materiales y texturas. Stella by Stella. La colección denominada Winter 2022 celebra el trabajo y la vida del artista nacido en Massachussets. Y a la vez, utiliza su visión para colaborar en el diseño de las siluetas. Una paleta multicolor, en la cual, la geometría se encuentra con el arte.
“Conozco a Frank desde hace bastante tiempo y siempre quise colaborar con él”, comentó McCartney sobre el artista estadounidense, que, por supuesto, aprobó cada diseño. Reinvenciones modernas de sus obras. Ramificaciones artistas que se extienden por las prendas de una manera funcional y llamativa. Las esculturas metálicas del artista se reinterpretaron en forma de flecos de bronce bordado que caían por sobre un slip dress morado y un entero de fondo negro. Asimismo, el maximalismo abstracto de la obra Spectralia (1994) se transformó en un collage vestible; un conjunto de dos piezas sartoriales, un pantalón y un blazer multicolor que solo fue acompañado de un sujetador oscuro. Esos mismos patrones imprecisos, geométricos y coloridos se plasmaron en un vestido midi de cuello alto, mangas largas y ceñido, como una V, hasta la cadera. A partir de ahí, caía con fluidez y se cerraba como una especie de globo.
Cortesía de Stella McCartney
Diseños en lila, mostaza, naranjo o tonos burdeos. Todos coloridos y con cortes sencillos. Un equilibrio visual, donde reinaban el maximalismo y el minimalismo conjugándose en estampados transformadores. Como en el de aquel abrigo negro y gris, bifurcado por líneas que cambiaban su sentido. Un patrón que se repitió en vestidos de lana, aunque aquí, las rayas se cruzaban de un lado para otro como jugando con la geometría del cuerpo. Los abrigos oversize y los cut out también fueron parte de la presentación. Estos últimos, plasmándose en vestidos con sujetadores de aires noventeros, aperturas bajo los pechos y faldas plisadas. En general, un trabajo escultórico que ceñía las piezas al abdomen y luego, como una especie de bañador, daba vida a alguna silueta abullonada o un chintz dress. O quizás, a una prenda de cuero, que, en realidad, no era cuero, sino, piel de uva.
Siluetas imprevisibles, con estampados abstractos y en constante contraste. Ya sea entre sí, o con la misma pasarela. La luz parisina irrumpió a través de las estructuras lineales del Centre Pompidou, y el lugar inaugurando en 1969 y diseñado por los arquitectos Rendo Piano y Richard Rogers, fue perfecto para contrariar los diseños de McCartney. Su pulcritud y simpleza arquitectónica, discrepaba de la paleta artística de Stella by Stella, y a la vez, unía mundos dispares. Una utopía futurista donde el arte enriquece la vida y la moda con la templanza del cambio, la transformación y la paz. Esta última, ambientada – metafóricamente – con Give Peace a Chance de Plastic Ono Band. “Es algo muy extraño de hacer dadas las circunstancias. Queríamos hacer una declaración en contra de la guerra”, declaró la diseñadora que abrió su show con el discurso de paz de John F. Kennedy
Cortesía de Stella McCartney







