Hay bolsos que compramos simplemente porque nos gustan y otros cuya compra intentamos justificar bajo una palabra cada vez más repetida en la moda: inversión. El Le City de Balenciaga parece encontrarse justo entre ambos mundos. Más de dos décadas después de convertirse en uno de los grandes It bags de los 2000, el modelo continúa apareciendo en el street style y en plataformas de segunda mano, recuperando protagonismo y posicionándose nuevamente como una pieza deseada dentro de la industria.
La historia de este fenómeno comenzó en 2001, cuando Nicolas Ghesquière diseñó el bolso originalmente bajo el nombre Le Dix Motorcycle Lariat. Su propuesta rompía con los códigos más rígidos de la época: cuero blando, flecos, tachas, hebillas y una apariencia ligeramente desgastada que, en aquel momento, parecía demasiado informal para los estándares de la alta gama. De hecho, en sus inicios ni siquiera estaba pensado para producirse masivamente. Todo cambió cuando Kate Moss mostró interés por el diseño y comenzó a llevarlo, ayudando a convertirlo en uno de los símbolos de la estética de la época.
Tras años circulando principalmente en el mercado vintage, Balenciaga decidió recuperarlo oficialmente en 2024. El regreso estuvo acompañado por un renovado interés comercial: según datos de The RealReal, las búsquedas del Le City aumentaron un 81% interanual después del anuncio, mientras que su precio medio de reventa creció un 15% entre finales de enero y abril de ese año. Más adelante, el modelo llegó a registrar un incremento de hasta 55% en su precio medio de venta, cifras que rápidamente alimentaron la idea de que podía tratarse de una buena inversión.


Pero ahí aparece el matiz. Una subida en el mercado de reventa no equivale necesariamente a rentabilidad garantizada. Parte de este crecimiento coincidió con el renovado interés por la estética de los 2000 y por las piezas vintage, además del propio relanzamiento de Balenciaga. Los bolsos icónicos, en ese sentido, también funcionan como herramientas de marketing capaces de conectar la nostalgia de quienes vivieron una tendencia por primera vez con nuevas generaciones que buscan incorporarla desde una mirada contemporánea.
También existe una diferencia importante entre comprar un Le City vintage por debajo de su precio retail original y pagar actualmente el precio de boutique esperando recuperar esa cantidad en el futuro. Los valores registrados en 2026 reflejan justamente esa brecha: algunas versiones Medium se ofrecían alrededor de 2.090 euros, mientras que determinadas piezas vintage podían encontrarse aproximadamente entre 818 y 900 euros. El contraste demuestra que hablar del Le City como si todas sus versiones tuvieran el mismo comportamiento en el mercado sería simplificar demasiado la realidad.
Entonces, ¿realmente es un bolso sobrevalorado?
Como objeto de moda, probablemente no. Su historia es legítima, su diseño es reconocible sin depender de un logotipo protagonista y la evolución natural de su cuero incluso puede convertirse en parte de su atractivo. Más de veinte años después de su aparición, sigue teniendo una identidad propia y capacidad para regresar a la conversación sin sentirse completamente ajeno a ella.
Como inversión, en cambio, la respuesta es bastante menos segura. Que un modelo haya aumentado su precio de reventa durante un determinado periodo no significa que vaya a mantener esa trayectoria. El resultado dependerá de factores como la versión, el estado, el precio de compra, la demanda del momento y, sobre todo, de cuánto tiempo permanezca vigente el interés por él. Cuando una pieza atraviesa un momento de máxima exposición, también existe el riesgo de pagar de más por una tendencia que después pierda fuerza.
Por eso, quizás el verdadero motivo para comprar un Le City debería seguir siendo el mismo que llevó a Kate Moss a querer uno en 2001: que guste lo suficiente como para llevarlo durante años y permitir que su cuero construya su propia historia. Porque una pieza puede convertirse en una inversión extraordinaria en términos de estilo sin necesariamente serlo en términos financieros.
Cortesía marca

