Pierpaolo Piccioli dejará de estar al frente de Balenciaga. La firma confirmó la salida del diseñador italiano, poniendo fin a una etapa que comenzó en julio de 2025, cuando recibió el encargo de tomar las riendas de una de las casas con una identidad más reconocible de la moda contemporánea. Su llegada suponía un cambio importante respecto al trabajo de Demna, quien durante casi una década construyó un lenguaje visual asociado a la provocación, las proporciones exageradas, el streetwear y una particular lectura de la cultura popular.
Piccioli llegó con otra sensibilidad. Después de 25 años en Valentino, donde desarrolló una visión marcada por la alta costura, el trabajo artesanal y una aproximación más romántica al diseño, su desafío en Balenciaga consistía en recuperar algunos de los principios históricos de la maison sin renunciar a su propia identidad como creador. Una tarea que implicaba mucho más que cambiar las siluetas o dejar atrás los códigos de su antecesor: se trataba de encontrar una manera de hacer convivir dos universos creativos muy distintos bajo un mismo nombre.
Precisamente, esa transición fue el punto de partida de una pregunta que planteamos días antes en ISSUE, a propósito de Balenciaga Skiwear 2026: ¿Balenciaga sigue siendo Balenciaga? La colección abrió una conversación sobre la dificultad de reconocer una identidad propia en las nuevas propuestas de la firma. No porque la casa tuviera que permanecer atada a la estética de Demna, sino porque el trabajo de Piccioli todavía parecía estar buscando un lenguaje que resultara inseparable de Balenciaga y no pudiera pertenecer a cualquier otra marca.


La salida del diseñador vuelve a poner esa interrogante en circulación. Su paso por la maison fue una apuesta por recuperar el vínculo con la tradición de alta costura de Cristóbal Balenciaga, incorporando una mirada que priorizaba la construcción, los materiales y la relación entre el cuerpo y la ropa. Sin embargo, construir una nueva dirección creativa requiere tiempo, especialmente cuando el punto de partida es una identidad tan definida como la que dejó Demna.
En el comunicado, Gianfranco Gianangeli, presidente y CEO de Balenciaga, agradeció la contribución del diseñador y destacó su trabajo en torno a los orígenes de alta costura de la casa, así como su dedicación a la artesanía, la construcción y la creatividad. Luca de Meo, CEO de Kering, también reconoció su talento y señaló que la ambición del grupo es continuar desarrollando el espíritu vanguardista de la firma, respetando su herencia y ampliando sus límites creativos.
La nueva dirección creativa será anunciada próximamente. Hasta entonces, queda una pregunta que va más allá del nombre que ocupará el siguiente puesto: ¿qué identidad quiere construir Balenciaga para su futuro? La partida de Piccioli cierra un capítulo que apenas comenzaba a tomar forma y devuelve a la casa al desafío de encontrar un equilibrio entre su historia, el legado de sus últimos directores creativos y las expectativas de una industria que exige cambios cada vez más rápidos.
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